Mucho antes de que existiera un pueblo llamado Chincolco, este territorio ya era un lugar de tránsito. Por las zonas cordilleranas de la comuna de Petorca se extendían antiguas rutas vinculadas al Qhapaq Ñan, el gran sistema vial andino conocido como Camino del Inca y reconocido como Patrimonio Mundial por la UNESCO.
Aquella red conectaba distintos territorios del mundo andino y contaba con lugares destinados al descanso, almacenamiento y apoyo de quienes recorrían largas distancias. Entre ellos se encontraban los tambos, construcciones asociadas a las antiguas rutas que atravesaban la cordillera.
Con el paso de los siglos, la función de estos caminos no desapareció. Los antiguos corredores cordilleranos continuaron siendo utilizados por arrieros y crianceros, que trasladaban ganado entre los valles y las zonas de pastoreo de altura.
En Chincolco, esa tradición quedó vinculada a un importante testimonio patrimonial: la Ex Aduana Ganadera de Chincolco, ubicada en avenida Pedro Montt, la principal vía de la localidad. El inmueble estuvo relacionado con el control y movimiento del ganado que transitaba por las rutas cordilleranas. No se trataba de una aduana fronteriza, sino de un punto destinado a la actividad ganadera y arriera del territorio.
Así, la historia de Chincolco está estrechamente ligada a sus caminos. Primero fueron las antiguas rutas andinas; después, los senderos de arrieros y crianceros; y más tarde, los proyectos de conexión ferroviaria y vial que buscaron integrar este territorio con el resto del valle.
Los medios de transporte han cambiado, pero la geografía permanece. Entre cerros, quebradas y pasos cordilleranos, Chincolco ha sido durante siglos un punto de encuentro entre la cordillera y el valle de Petorca.