En 1899, el geógrafo Francisco Astaburuaga publicó su Diccionario Geográfico de la República de Chile, una especie de catastro detallado de cada rincón del país. La entrada sobre Chincolco es breve, pero dice más de lo que parece a simple vista.
Describía al lugar como una villa del departamento de Petorca, situada a diez kilómetros al oriente de la ciudad de Petorca, a 715 metros de altitud, rodeada de serranía baja. Tenía, según el registro, una población de mil habitantes: nada despreciable para la época en un pueblo de interior. Contaba con dos escuelas gratuitas, una iglesia, oficina de correo y oficinas relacionadas con minería y agricultura, las dos actividades que sostenían la vida económica del valle.
Un dato que suele pasar desapercibido: el título de villa se le confirió recién el 6 de agosto de 1888, mediante un decreto firmado personalmente por el presidente José Manuel Balmaceda: «concédese el título de villa a la aldea de Chincolco, situada en el departamento de Petorca». Antes de esa fecha, Chincolco era, administrativamente, una simple aldea, sin ese estatus que le daba cierto peso frente a otras poblaciones cercanas.
Ese «mil habitantes» de Astaburuaga de 1899 conviene cruzarlo con los censos oficiales, que cuentan una historia todavía más interesante. En 1813, el primer censo de la era republicana registró 1.108 almas en el distrito de Chincolco, con una composición curiosa para la época: 621 de origen español, 245 indígenas, 206 mestizos, 28 mulatos y 8 negros, repartidos entre 30 hacendados, 233 labradores inquilinos, 70 jornaleros y apenas 8 artesanos. Ya entonces había dos iglesias, cinco molinos de pan y seis trapiches de oro funcionando en el territorio. Más adelante, el censo de 1895 contabilizó 3.190 personas en la 2ª Subdelegación de Chincolco y sus seis distritos —Polcura, Chincolco, Pretil, Sobrante, Chalaco y Pedernal—, casi el triple que apenas quince años antes. De hecho, hacia 1910 el propio cronista Elías Lizana describía a Chincolco como una «aldea progresista» cuya población triplicaba a la de Petorca, y llegó a especular con que algún día la capital del departamento podría trasladarse hasta aquí.
Leer estas cifras hoy tiene algo de fotografía en blanco y negro: uno reconoce el lugar, pero también nota lo que ha cambiado. La oficina de correo ya no funciona igual, las escuelas gratuitas de entonces no son las de ahora, y la minería que en 1899 se mencionaba como parte de la vida cotidiana del pueblo hace rato dejó de ser protagonista. Lo que sí se mantiene, casi calcado, es la geografía: la misma serranía baja, la misma altitud, prácticamente la misma distancia a Petorca.
Unos años después, en 1924, el geógrafo Luis Risopatrón volvió a registrar la localidad en su propio Diccionario Jeográfico de Chile, con coordenadas apenas distintas —cuestión de la precisión de los instrumentos de la época— pero confirmando lo mismo: Chincolco ya era, a comienzos del siglo XX, un punto fijo en el mapa administrativo de Chile, con nombre propio y peso suficiente como para que dos generaciones de geógrafos se tomaran el trabajo de describirlo con cuidado.
Hoy, esas cifras vuelven a tener otra escala. El pueblo de Chincolco reúne alrededor de 1.739 habitantes según registros locales recientes, mientras que el último censo de población y vivienda del INE (2019) contabilizó 1.149 para la localidad. La diferencia entre ambos números no es una contradicción: responde a metodologías de conteo distintas y a los límites exactos que cada fuente traza alrededor del pueblo. Lo que queda claro, comparando estas fotos sucesivas —1813, 1895, 1899 y hoy— es que Chincolco nunca fue una aldea diminuta: fue, y sigue siendo, un centro poblado con peso propio dentro del valle alto de Petorca.