El boom de la palta: paisaje, negocio y conflicto en tres décadas
Hace treinta años, quien recorriera los cerros alrededor de Chincolco habría visto un paisaje bastante distinto al de hoy. La expansión de los cultivos de palto —impulsada por los altos precios internacionales de la palta Hass y la apertura de nuevos mercados de exportación— transformó gran parte del valle de Petorca, incluyendo laderas que antes no se consideraban aptas para cultivo intensivo.
Chile llegó a convertirse en uno de los principales exportadores mundiales de palta, y Petorca fue, durante ese período, uno de los territorios que más aportó a esa cifra. Miles de hectáreas se cubrieron de hileras de paltos, muchos de ellos plantados directamente sobre suelos de cerro, regados mediante sistemas de goteo y reservorios construidos específicamente para sostener el cultivo en zonas donde antes la agricultura tradicional no llegaba.
El impacto económico fue real: se generó empleo, se movió capital, y durante años la exportación de palta fue vista como una oportunidad de desarrollo para una provincia históricamente más pobre que sus vecinas. Pero el costo ambiental y social también fue real, y con el tiempo se volvió imposible de ignorar. Organizaciones locales, medios internacionales como el diario español El País o el británico The Guardian, y hasta reportes de Amnistía Internacional pusieron el foco en Petorca como ejemplo de lo que ocurre cuando la expansión agrícola no considera límites hídricos claros.
En las calles de la provincia empezaron a aparecer frases como «no robes el agua» pintadas en muros, reflejo de una tensión que no siempre se resolvió de forma pacífica: hubo denuncias de amenazas hacia quienes se organizaron para defender el acceso al agua.
Hoy, el debate sigue abierto. Se discuten cambios al Código de Aguas, tecnologías de riego más eficientes, y la posibilidad de diversificar hacia cultivos menos demandantes en zonas de escasez. Ninguna solución parece simple ni rápida. Lo que sí es evidente, mirando el paisaje desde cualquier cerro cercano a Chincolco, es que treinta años de expansión del palto cambiaron para siempre la fisonomía de este valle, para bien y para mal, según a quién se le pregunte.