La Capilla San Rafael de El Sobrante: 150 años desde un testamento
En 2025 se cumplieron 150 años del decreto que convirtió en iglesia pública a la Capilla San Rafael de El Sobrante, y la historia que hay detrás es bastante más larga que esa fecha. Está contada en un texto de Felipe Álamos U., con la colaboración de Juan I. Álamos Ansted, fechado en julio de 2025, y empieza mucho antes de la primera piedra.
La tradición católica de El Sobrante es antigua: la iniciaron en la Colonia los padres agustinos, a quienes pertenecieron estas tierras por más de doscientos años. Pero la capilla propiamente tal nace en 1862, diecisiete años antes de la Guerra del Pacífico. Ese año, don Manuel Silva Ugarte, propietario de la hacienda, dejó dispuesto en su testamento, poco antes de morir, que se constituyera una dote para construir y mantener una capilla en el fundo, con la condición de que se rezara por su alma.
Su viuda, doña Manuela García, hizo los primeros trámites ante el Obispado de Santiago. La construcción se autorizó hacia 1869 y a comienzos de la década siguiente la capilla ya estaba terminada, pero sin permiso oficial para funcionar. La cosa se destrabó cuando, en 1873, la propiedad pasó a la familia Echavarría, una familia importante en la zona, dueña de varios fundos en Illapel y Salamanca, como la hacienda Chillepín. Los hermanos Vicente y Tomás Echavarría Barriga retomaron el encargo de Silva Ugarte e inscribieron en el Conservador una dote para la mantención de la capellanía, de modo que el párroco de Petorca tuviera recursos para visitar el fundo y ejercer ahí su ministerio. Gracias a eso, el 24 de julio de 1875 se firmó el decreto que erigió oficialmente la Capilla San Rafael de El Sobrante como iglesia pública. En total, el sueño tardó trece años en concretarse.
¿Por qué San Rafael? Los hermanos Echavarría pidieron ese nombre en homenaje a la villa San Rafael de Rozas, hoy Illapel, ciudad de la que procedía la familia y en cuyos terrenos se construyó, desde 1754, esa villa colonial. Un dato curioso: San Rafael de Rozas se llamó así en honor a doña Rafaela, hija del gobernador Domingo Ortiz de Rozas, y hasta hoy la catedral de Illapel está bajo la advocación del arcángel San Rafael.
A fines del siglo XIX la historia de la capilla se entrelaza con la de los Álamos. Desde 1893, con don Ignacio Álamos Cuadra, y luego con la familia Álamos Igualt, la capilla recibió mejoras permanentes. La más visible es su fachada de latón que imita la piedra, adquirida en 1906 a Gredig Hermanos, de Valparaíso. También se aseguró la visita de congregaciones como los capuchinos y los pasionistas, que realizaban misiones durante el verano.
Tras la Reforma Agraria, la capilla pasó a ser propiedad del Obispado de San Felipe, que junto a la comunidad ha mantenido esta larga historia de fe y devoción. Desde entonces se la conoce también como Capilla Virgen del Carmen, aunque conserva su advocación original a San Rafael. Hoy luce como en sus mejores tiempos gracias a varias manos: el aporte de los hermanos Mauricio y Cristián Álamos Ansted, que consolidaron parte del techo hace más de diez años, y muy especialmente la gestión de Toribio Correa, que lideró la restauración de la estructura. Un verdadero orgullo, dicen en la localidad, para los sobrantinos y las sobrantinas.