A pocos kilómetros de Chincolco, en dirección a El Sobrante y Chalaco, se encuentra uno de los conjuntos de arte rupestre más importantes del valle de Petorca. En sus rocas sobreviven decenas de petroglifos cuya antigüedad se estima entre 800 y 1.500 años.
Los grabados incluyen círculos, rombos, líneas, figuras humanas y animales como serpientes, lagartos, sapos y llamas. Entre los motivos también aparece con frecuencia la cruz en distintas formas. Estos registros son parte de la historia de los pueblos que habitaron y recorrieron este territorio mucho antes de la llegada de los españoles.
Una parte importante de los petroglifos se concentra en torno al Morro La Cabra, de unos 1.830 metros de altura, un antiguo referente geográfico del sector. En sus alrededores también existen vestigios prehispánicos que dan cuenta de la importancia que tuvo este territorio para sus antiguos habitantes.
Cerca de allí se encuentra el cerro Tongorito, otro sector de gran interés arqueológico. Investigaciones realizadas sobre sus petroglifos han planteado que su cumbre pudo haber tenido un carácter ceremonial para las comunidades que ocuparon este territorio.
Los petroglifos fueron realizados directamente sobre las rocas mediante técnicas de percusión. Su significado continúa siendo materia de estudio: algunas interpretaciones los relacionan con caminos, fuentes de agua y orientación territorial, mientras otras plantean posibles vínculos con observaciones astronómicas.
Pero este patrimonio también enfrenta amenazas. En 2021, parte del sitio fue vandalizado y se registraron intentos de extracción de piezas, evidenciando la fragilidad de estos lugares y la falta de protección efectiva.
Chalaco forma parte, además, de un territorio mucho más amplio de arte rupestre. Sitios como El Arenal, Pedernal, Cantarito, Los Comunes, Pedegua, Frutillar y El Sobrante muestran que los petroglifos están presentes en distintos puntos de la comuna de Petorca.
Cada grabado es una huella que sobrevivió durante siglos. Por eso, recorrer estos lugares implica también una responsabilidad: observar, conocer y proteger, sin tocar ni intervenir las rocas que conservan una parte de la historia más antigua de este valle.